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10. Falacias y mentiras del neoliberalismo

La existencia de un abundante elenco de defensores del neoliberalismo solo se puede entender recordando lo beneficioso que les resulta para ascender en su carrera profesional. Numerosos son los regalos con los que los plutócratas recompensan a los que se someten y defienden su doctrina oficial. Los más ingeniosos a la hora de inventar argumentos que vuelvan positivos los nefastos resultados de las políticas neoliberales, son premiados generosamente y se les garantiza el éxito profesional: se les contrata, se publican sus libros, consiguen patrocinadores para su canal de Youtube, reciben generosas donaciones en su patreon, etc.

La estupidez y el neoliberalismo


Carlo Cipolla en su opúsculo sobre la teoría de la estupidez [1], nos previno sobre lo peligrosos que son aquellos que se perjudican a sí mismos sin ser conscientes de ello. La popularidad de las propuestas neoliberales es un claro ejemplo de ello. Según  la RAE (Real Academia de la Lengua) estúpido es aquel que carece de capacidad para comprender las cosas e inteligente es el que sí que tiene capacidad de comprensión. Cipolla suma a lo anterior otra variable para establecer la estupidez: si tus decisiones  te benefician o te perjudican particularmente o colectivamente. Su taxonomía queda de la siguiente forma: 
  • Inteligentes son los que actúan de modo que salen beneficiados tanto ellos como los demás.
  • Incautos son los que actúan de modo que ellos salen perjudicados, pero benefician a otros. 
  • Malvados son los que actúan de modo que salen beneficiados ellos pero perjudicados los demás.
  • Estúpidos son los que actúan de modo que salen perjudicados ellos o los demás sin que nadie salga beneficiado. 
Siguiendo este criterio, podemos clasificar a los defensores del neoliberalismo
  • Inteligentes. Puesto que las políticas neoliberales solo benefician a una parte de la sociedad y a largo plazo sus efectos acarrean consecuencias negativas que acabarán perjudicando a todos, no es posible ser inteligente y defender el neoliberalismo.  
  • Incautos. Puesto que la aplicación de un tipo de políticas económicas u otras sí que tiene consecuencias en el modo de vida de todos, no es posible ser incauto y defender el neoliberalismo. 
  • Malvados. Puesto que las políticas neoliberales efectivamente benefician a una minoría, podemos considerar malvados a los defensores cuando son conscientes de sus efectos pero anteponen sus intereses particulares: la minoría plutócrata (ricos inversores) o los que trabajan para ellos (brokers, asesores económicos y financieros, influencers patrocinados, etc.) 
  • Estúpidos. Si no formas parte de los beneficiados (ricos o lacayos de los ricos) y defiendes las políticas neoliberales, efectivamente eres estúpido. Aunque creas que lo haces por tu bien porque crees que algún día estarás entre los privilegiados (sueño americano) mientras no llegue ese momento seguirás siendo un estúpido. Si además eres un asalariado o un trabajador no cualificado que sufrirás mucho más los duros ajustes laborales y te quedarás sin cobertura sanitaria ni pensiones cuando se privaticen, pero estás contento porque no gobiernan los “rojos” o los “zurdos”, en ese caso no solo eres estúpido, sino que eres muy estúpido. 




Falacias del neoliberalismo

Para comprender la forma de argumentar de un neoliberal hay que tener presente que sus premisas ideológicas derivan de sus creencias  iusnaturalistas;  su modelo de sociedad se corresponde con una particular interpretación del "derecho  natural"  [2] . Por ello no ven necesario demostrar la eficacia de sus propuestas para beneficiar a todos. No es la eficacia lo que les otorga validez, son válidas porque se corresponden con las leyes de naturaleza, tal como ellos las han interpretado. Por tanto su ideología no puede ser refutada ni por la evidencia empírica ni por la lógica racional, es irrefutable por principio. 

Partiendo de esta premisa, puesto que ellos tienen razón independientemente de que puedan o no puedan argumentarlos, la forma de argumentar no es, para ellos, importante. En este sentido les vale cualquier medio que sirva para defender lo que es verdad a priori. Así que les vale cualquier argumentación que les dé la razón aunque sea engañosa, falaz, incorrecta o abiertamente inventada.  Autoconvencidos de que no necesitan argumentos empíricos, los neoliberales usan razonamientos falaces próximos a la dialéctica sofista, es decir, al juego de palabras. De esta forma logran el aplauso de la audiencia y descalifican a sus rivales ideológicos. Convencen a sus seguidores invocando a las emociones y así evitan los argumentos lógicos o racionales frente a los cuales no pueden defenderse. Entre las estrategias dialécticas o retóricas que suelen usar están las falsas analogías, falsas correlaciones, cambios de tema, anécdotas relacionadas, los chistes, falsos datos macroeconómicos basados en fórmulas que incluyen valoraciones subjetivas, etc.  La estructura de su contra-argumentación generalmente consiste en una serie de silogismos de una simpleza infantil.  Veamos algunos ejemplos.
 
La falacia más recurrente, sobre todo entre los defensores del neoliberalismo más limitados intelectualmente, es la falacia del hombre de paja o mover la portería. Consiste en desviar la conversación y no replicar las ideas del argumento con el que se les critica, sino que ofrecer como si fuera una respuesta algo que tiene una relación indirecta. Se ponen a hablar de otra cosa en la que se encuentran más cómodos. La incapacidad que tienen de seguir el hilo de una conversación sin dar saltos, convierte el debate en algo frustrante. Continuamente hay que estar reconduciendo la conversación para que no se salgan de la tangente, y con frecuencia se niegan a hacerlo. 

Hay otra forma más inteligente de desviar la conversación. Cuando se ven acorralados con argumentos económicos empíricos y realistas, intentan reorientar la conversación para salir de este terreno y se ponen a hablar de cosas que no tienen nada que ver. Se trata falacia del arenque rojo o seguir la zanahoria consistente en introducir material relacionado, pero irrelevante al tema del que se debate para desviar el tema y llegar a otra conclusión. En el colmo del cinismo usan estas ideas no económicas como si fueran refuerzos para sus argumentos económicos, como la supuesta relación entre políticas socialdemócratas e índice de suicidios o la todavía más estrambótica idea de determinación cultural a la hora de aplicar una u otra política económica.

La inconsistente crítica moral y cultural a las políticas socialdemócratas se acompañan con afirmaciones del tipo: "puede que los nórdicos tengan mejores resultados siendo más intervencionistas, pero son unos “infelices"  o “somos naciones/culturas distintas” o “aquí no funcionaría” y hablan de la incompatibilidad de la socialdemocracia con el “carácter nacional de los pueblos latinos”.
 
En otras ocasiones incluyen una falacia o razonamiento engañoso en el mismo sujeto gramatical de sus afirmaciones. Una de las falacias más cínicas del argumentario neoliberal es la de la falacia de la falsa agrupación. Agrupan a beneficiados y perjudicados en el mismo colectivo con el fin de hacer creer a los perjudicados que ellos también son beneficiados.

Los defensores del neoliberalismo plantean propuestas que benefician a los tenedores de capital o a los que trabajan para ellos, a comisión de los beneficios del capital. Ellos proponen medidas les van a beneficiar particularmente porque ellos mismos o forman parte de las rentas altas o porque se dedican profesionalmente a gestionar fondos de inversión de rentas altas. El problema es que en lugar de ser honesto y exponer sus motivaciones reales, mienten y venden sus reformas como algo beneficioso para todos.  En lugar de hablar de lo que beneficia a las rentas altas y a los gestores de inversión, hablan de lo que beneficia a TODOS los ciudadanos. Confunden deliberadamente su interés particular con el interés general. La clave que permite entender su enfoque económico es el siguiente razonamiento: 
  1. Las políticas de libre mercado que me enriquecen, me permiten seguir invirtiendo para ganar más. 
  2. Mi enriquecimiento personal beneficia indirectamente a otras personas, a los asalariados que les doy un puesto de trabajo. 
  3. Por lo tanto mi enriquecimiento personal es beneficioso para la sociedad en su conjunto.
La realidad es que no siempre lo que beneficia a la minoría más rica, beneficia a todos, es más, en la mayoría de los casos pasa justo lo contrario. En tanto que los ricos son muy poco numerosos, no pueden hablar del "pueblo" para referirse a ellos mismos. Realmente el porcentaje de población de renta alta es ínfimo y el porcentaje de población invierte en mercados de valores es bajo. Solo un 10% en 2008, un 12% en 2021 de españoles lo hicieron [3], y de estos la mayoría invierte poco capital y por lo tanto gana o pierde poco. Pese a esto nada les impidió afirmar que antes de la crisis del 2008, los españoles, en general, vivieron por encima de sus posibilidades y ganaron mucho dinero, cuando en realidad fueron una pequeña minoría la que sacó tajada mientras que la gran mayoría lo único que hizo fue trabajar e hipotecarse para comprar una casa. Les resulta muy útil este razonamiento falaz ya que les permite también generalizar la responsabilidad cuando sus burbujas especulativas revientan y pueden exigir sacrificios a los inocentes en forma de eufemísticos “ajustes estructurales”. La estrategia de hacer creer a las víctimas que son iguales a sus verdugos no es algo nuevo, es la alienación de la que hablaba Marx y que Julio Anguita ejemplificó de esta forma:  

Para que ocurra como aquello que tantas veces digo de la viejecita que a finales del siglo XIX estaba vendiendo cerillas en la puerta de la ópera de Madrid, en un mes de Enero, a las dos de la madrugada, atenida de frio, y envuelta en una toquilla, vendiendo cerillas para poder subsistir, y cuando entraban hombres y mujeres envueltos en armiños, en capas con lujo y con joya, decía «Que bien vivimos en Madrid». Un caso de alienación, un caso de suplantación, un caso de drogadicción. [4]

Otra de sus falacias preferidas es la non sequitur, razonamiento inconsecuente. Sigue esta lógica argumental:

  1. Oposición al neoliberalismo = izquierda = comunismo = estalinismo = fascismo = genocidio 100 millones de muertos. 
  2. Por ello si te opones al neoliberalismo por querer un reparto justo de la riqueza = estalinismo = fascismo = genocidio 100 millones de muertos. 
  3. Por lo que podemos concluir que avanzar hacia un reparto justo de riqueza nos llevaría al asesinato de 100 millones de personas.

Frente a argumentos macroeconómicos generales que no pueden refutar, responden con argumentos microeconómicos referidos a casos aislados que no demuestran nada, la falacia del caso especial o el caso aislado. Tú les hablas de aumento del PIB o de la capacidad adquisitiva de los salarios y ellos te narran un cuento sobre un emprendedor que conocieron.  
 
Otras veces recurren a la falacia de la falsa analogía. Tú les ofreces datos objetivos y ellos te hacen la metáfora de gestionar un Estado como si fuera una casa particular o te cuentan un chiste sobre las malas prácticas políticas o te hablan del comunismo.

Su mente limitada es incapaz de distinguir grados entre un político que roba y un sistema como el soviético. Por ello recurren continuamente a la falacia de la falsa dicotomía. O estás conmigo o formas parte del grupo de los enemigos de la libertad donde estamos todos los que les llevamos la contraria: los “socialistas” . Aquí meten a los marxistas, socialdemócratas, fascistas, comunistas, tradicionalistas, anarquistas, etc. Literalmente unifican a todos los demás grupos ideológicos de izquierda, derecha, ultraizquierda o ultraderecha.  

A partir de este alarde de simpleza intelectual, dicen demostrar sus afirmaciones con autocitas, es decir, citando a otros autores neoliberales que dicen lo mismo. Más ingeniosa es su creatividad a la hora de diseñar o inventar cifras o índices macroeconómicos con los que presentar como positivos los nefastos efectos de las políticas que defienden. En la mayoría de los casos son índices que incluyen variables que se aplican de modo diferente a cada país desde criterios subjetivos o arbitrarios, como por ejemplo sus índices para medir la libertad económica. Si un país tiene éxito es porque su intervencionismo es menor al tener un sector público más pequeño, si resulta que otro país con mayor sector público va mejor, se saltan este dato y encuentran que hay que hacer menos trámites para montar una empresa y esa es la explicación que te presentan para ese caso. Cuando se ven incapaces de refutar la eficacia de países muy intervencionistas en la economía como los del norte de Europa, se pegan el malabarismo intelectual de afirmar que esos países son en realidad ejemplo de liberalismo exitoso porque en los últimos años han liberalizado este u otro sector. En definitiva, si la economía va bien ese país es liberal independientemente de sus políticas reales, y si un país va mal es intervencionista sea cual sea realmente su grado de intervencionismo comparado. 

En la conversación con un neoliberal puede llegar un punto en el que se le agoten todas sus falacias o falsos razonamientos iniciales y que no pueda desviar el tema de conversación. En ese momento, en lugar de aceptar lo perjudicial que resultan sus políticas para la sociedad, hacen un nuevo quiebro y recurren a su último comodín, su falacia final: la falacia del auténtico escocés. Consiste en desechar los datos que refutan sus políticas diciendo que no es auténtico liberalismo".  Suele presentarse en estos términos:

  1. Si hay mejora económica es gracias al libre mercado, si se empeora es por culpa del intervencionismo.
  2. La prosperidad económica de un país intervencionista, por ejemplo el crecimiento económico de la URSS hasta los años 70 o el de Europa Occidental con las políticas socialdemócratas de posguerra (1945-75) se debe a otros factores (como a un crecimiento extensivo por la existencia de muchos recursos naturales) pero nunca a los beneficios del intervencionismo público.
  3. La pobreza y los problemas económicos se derivan directamente del grado de intervencionismo, el crecimiento y la prosperidad depende del grado de libertad de mercado. Si los datos económicos de algunos países no dejan claro esto es porque el libre mercado no se aplica “realmente” “completamente” “efectivamente”.


Si los datos reales no permiten demostrar la idoneidad de nuestras propuestas es porque nunca se ha podido aplicar totalmente el modelo (neo) liberal.

De la economía saltamos a la metafísica. El neoliberalismo deja de ser una propuesta práctica y se convierte en un ideal inalcanzable, una utopía que aún no se ha materializado. Pero si seguimos sus mandamientos quizás algún día gocemos de la felicidad total en el paraíso neoliberal.





Cuadro superior: origen de la crítica al neoliberalismo. Cuadro medio: argumentos de los neoliberales contra ellos. Cuadros inferiores: contra argumentos, si los argumentos previos les fallan.


La metafísica neoliberal


La pobreza y la explotación laboral son difícilmente justificables por sí mismas, y menos en un mundo donde hay tanta riqueza. Pero teniendo en cuenta que estamos en la era de la información, lo más difícil es ocultar las otras alternativas. Me refiero a las políticas económicas distintas y contrarias al neoliberalismo que sí logran beneficiar a la sociedad en su conjunto. Para ello es necesario diseñar una ideología justificativa con la que tapar lo demás. Gracias al control que el poder económico ejerce sobre la mayoría de los medios de comunicación, consigue que los defensores de esta pseudo teoría sean prácticamente los únicos conocidos. Para estos ideólogos, aceptar la teoría económica de sus jefes es un requisito necesario para poder tener éxito como periodista o economista.

La doctrina neoliberal sirve para justificar teóricamente algo que en la práctica sería injustificable. De esta forma las situaciones más injustas y fácilmente solucionables, se pueden mantener esgrimiendo principios pseudocientíficos y pseudoeconómicos (acordes con su naturaleza de pseudoliberalismo). El historiador Eric Hobsbwm cataloga a esta ideología como "teología económica neoliberal" [5]


Jaime Puyana [6] se refiere a la teoría neoliberal así:
 
Más que una teoría, constituye en realidad un intento de proporcionarle alguna respetabilidad teórica a una serie de propuestas ‘ad hoc’ de política económica (…)no es más que una cínica hoja de parra para encubrir una política de redistribución del ingreso y la riqueza a favor de los ricos..., es una manifestación de la bancarrota intelectual dominante en los EUA.

Como el neoliberalismo no puede justificar su eficacia en la realidad económica, se apoyan en modelos metafísicos macroeconómicos ideales disfrazados de ciencia. Una metafísica macroeconómica manipulada minuciosamente permite mostrar como positivo, algo que, para la mayor parte de la población, o es negativo, o no es todo lo positivo que podría ser. Como se trata de ocultar las evidentes y sencillas realidades económicas, las explicaciones que hacen los neoliberales son deliberadamente confusas, dando a entender que la realidad económica solo está al alcance de sus privilegiadas inteligencias.

El economista José Valenzuela Feijóo [7] habla de la teoría neoliberal en estos términos:

Se sostiene, al menos en las palabras, que el enfoque desplegado se apega rigurosamente a las normas de la ciencia moderna. Y, como es obvio, se elogian y cubren de un aparente respeto, los métodos y logros de la ciencia. Para ello, en el caso de la economía, resulta muy útil un hecho crucial: la vulgaridad de los contenidos se encubre con cargo a una forma que suele ser muy sofisticada y que aplica a destajo los métodos matemáticos. Luego, apelando al usual diletantismo de los medios académicos, se difunde la idea de que la forma matemática opera como certificado del carácter científico del sistema... ...lo que es un corpus puramente ideológico, se recubre con un manto de "respetabilidad científica...(...)

Por eso el sociólogo francés Pierre Bourdeau [8] se refiere al neoliberalismo como teoría pura desligada de la realidad:

Esta teoría tutelar es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable, pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, enmarca las condiciones económicas y sociales, las orientaciones racionales y las estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación.... De esta suerte de pecado original, inscrito en el mito walrasiano de la «teoría pura», proceden todas las deficiencias y fallas de la disciplina económica y la obstinación fatal con que se afilia a la oposición arbitraria que induce, mediante su mera existencia, entre una lógica propiamente económica, basada en la competencia y la eficiencia, y la lógica social, que está sujeta al dominio de la justicia.
 
Un ejemplo del carácter teórico de la doctrina neoliberal es su concepción idealista de la libertad. Siguiendo el planteamiento de Isaiah Berlin, [9] consideran que la libertad deseable es aquella que llaman libertad negativa. La libertad negativa o el derecho negativo sería aquel que se funda en la ausencia de coacción, interferencia o intromisión de un agente externo. En este sentido tener libertad de pensamiento es una libertad o derecho negativo porque se ejerce  en tanto que nadie te lo limite desde fuera. Los neoliberales incluyen como libertades o derechos negativos el de la vida, la propiedad y la libertad de pensamiento y opinión. En cambio la libertad positiva sería aquella que se refiere a la capacidad efectiva de actuar libremente o de ejercer un derecho. Para que haya capacidad efectiva implica la intervención de agentes externos. Para que haya libertad para vivir y poder ser atendido en un centro médico, es necesario que previamente se haya contribuido a crear una infraestructura sanitaria que lo garantice. La libertad positiva sería aquella que requiere crear unas condiciones sociales previas para que pueda ejercerse. Por ello la libertad positiva puede implicar limitaciones en la libertad negativa con el fin de hacer posible la libertad positiva. Para que haya un sistema de pensiones de cobertura universal que garantice unas libertades y derechos a todos los que estén en edad de jubilación,  hay que poner impuestos para sufragarlo.  Naturalmente un neoliberal dirá que no hay que pagar impuestos para garantizar los derechos positivos porque eso sería una violación de su derecho negativo.  

El problema es que esta división de libertad es pura teoría metafísica desligada de la realidad. No es posible en la práctica desligar las libertades o derechos negativos de los positivos porque todos los derechos y libertades requieren condiciones de los tipos. Para que se respete tu derecho a la libertad de expresión o tu derecho a la propiedad, supuestos derechos negativos, hay que limitar la libertad al intolerante violento y al ladrón que quiere robarte. Para que tú puedas ejercer tu libertad negativa ha de haber coacción contra el que no quiere respetarlo. La “libertad de” o negativa (ausencia de coacción) siempre va unida a la “libertad para” o positiva (capacidad de actuar) [10]. El motivo por el que los neoliberales hacen este juego de significados y significantes es para poder forzar las relaciones semánticas con el fin de llegar a la conclusión preestablecida: no hay que poner impuestos a los ricos para financiar los servicios sociales.     

Para entender el carácter anticientífico de la doctrina neoliberal, voy a hacer un breve análisis del pensamiento de sus fundadores. El neoliberalismo tiene una raíz filosófica clara: la escuela austriaca. Mises es el referente clave de la escuela austriaca, la revista Liberty lo declaró recientemente el liberal(neo) del siglo, por encima de Friedman y Hayek. Si bien no fue el fundador de la escuela, él populariza las ideas que antes habían defendido su maestro Böhm-Bawerk y C. Menger (los tres miembros de la alta nobleza del Imperio austrohúngaro). Su importancia es fundamental si tenemos en cuenta que es la fuente principal de Hayek. Y Hayek es el que trasmite el neoliberalismo desde la escuela austriaca a la de Chicago de Friedman, que le dará una apariencia científica y divulgará esta doctrina por el mundo.

En la obra de Mises La acción humana, un tratado de economía explica su concepción  de la ciencia, nos dice cuál es la forma que tenemos de alcanzar el conocimiento:

Respecto a la acción humana, no se pueden realizar experimentos de laboratorio. Nunca estamos en posición de observar el cambio en un solo elemento mientras el resto de condiciones del acontecimiento permanecen iguales. (…) La información transmitida por la experiencia histórica no se puede usar como material de construcción de teorías ni en la predicción de acontecimientos futuros. (…) Ni la verificación ni la falsación experimentales de una proposición general es posible en su campo. [11]
 
Mises dice expresamente que renuncia al empirismo y al método científico como fuente de conocimiento en economía. En un sorprendente salto en la historia de la ciencia, retrocede varios siglos. Pero no solo eso, también descarta a la experiencia histórica como fuente de conocimiento,  en la misma obra:

La historia no puede instruirnos acerca de normas, principios o leyes generales. Es imposible deducir, a posteriori, de una experiencia histórica, teoría ni teorema alguno referente a la actuación o conducta humana. La historia no sería más que un conjunto de acaecimientos sin ilación, un mundo de confusión, si no fuera posible aclarar, ordenar e interpretar los datos disponibles mediante el sistematizado conocimiento praxeológico. La historia no puede ni probar ni refutar ninguna afirmación de valor general como lo hacen las ciencias naturales, las cuales aceptan o rechazan las hipótesis según coincidan o no con la experimentación (...) el conocimiento histórico hace al hombre sabio y prudente. Pero no proporciona, por sí solo, saber ni pericia alguna que resulte útil para abordar ningún supuesto individualizado”, ni “provee conocimiento sobre una regularidad que se manifestará también en el futuro”
 
Esta visión filosófica tiene una utilidad para ellos. Apoyándose en este razonamiento los neoliberales pueden desdeñar todos los datos económicos que demuestran la ineficacia de sus propuestas. La pregunta que surge a continuación es obvia, si no se basan en los datos empíricos, ni en la experiencia histórica ¿De dónde sacan sus afirmaciones? Él mismo Mises lo explica; lo llama praxeología:

La praxeología es una ciencia teorética y sistemática, no histórica. (…) Aspira a un conocimiento válido en todos los casos en que las condiciones correspondan exactamente a las supuestas en sus suposiciones e inferencias. Sus afirmaciones y proposiciones no se derivan de la experiencia. Son, como las de la lógica y la matemática, a priori. No están sujetas a verificación ni falsación por la experiencia ni los hechos. Son tanto lógica como temporalmente previas a cualquier comprensión de los hechos históricos.
Es decir, las afirmaciones sobre economía que hacen los neoliberales se hacen basándose en un método, el praxeológico que consiste en alcanzar la verdad reflexionando sobre la sicología humana, y sin necesidad de demostrar sus afirmaciones de forma empírica en la realidad. Sus afirmaciones son ciertas aunque no se correspondan con la experiencia presente o pasada, ya que son ciertas a priori, de la misma forma que lo son las verdades de las fórmulas matemáticas o de la lógica. Ellos ya saben a priori qué sentido deben tener los datos económicos, y si estos dicen lo contrario, el error está en los datos reales, no de sus afirmaciones que son irrefutables. Ellos ya saben a priori cuál es la verdad económica, y si la realidad contradice esta verdad, es la realidad la que está equivocada, no ellos. Si tú no lo aceptas sus verdades es porque tu psique no llega a su nivel de raciocinio. Y si no necesita los datos empíricos ¿en función a que saca sus conclusiones económicas?
 
Las relaciones lógicas fundamentales no pueden ser objeto de demostración ni de refutación. El pretender demostrar su certeza obliga a presuponer su validez. Es imposible explicarlas a quien, por sí solo, no las advierta (....) Se trata de categorías primordiales, que no pueden ser objeto de análisis. La mente humana es incapaz de concebir otras categorías lógicas diferentes”
 
¿Es imposible explicarlas a quien por sí solo no las advierta? Esto es lo que los analistas denominan auto-evidencia neoliberal. Las verdades del neoliberalismo al tratarse de solemnes estupideces, sólo pueden entenderse por medio de una sensación, de un “deben ser así aunque no lo parezca”. Lo que quiere decir que la principal prueba que tienen los neoliberales para defender sus propuestas es su propio sentimiento de auto-evidencia, lo que podría decirse también de otra forma, la verdad está confirmada por la fe que tengo en ella ¿economía o religión pagana? Más afirmaciones de Mises en el mismo sentido:

El conocimiento praxeológico, como el lógico y el matemático, lo llevamos en nuestro interior; no nos viene de fuera” (p. 78).
 
Es decir, podría haber descubierto su Teoría Austriaca del Ciclo Económico en una profunda introspección mientras defecaba, no necesitaba más.

Es importante recordar que la escuela austriaca es la fuente de la de Chicago (las dos principales escuelas del neoliberalismo). La escuela de Chicago oficialmente rechaza el método praxeológico, pero esto es una cuestión de forma, no de fondo. Es un rechazo estratégico más que por convicción. Lo aclaro:

1.  La escuela de Chicago toma de los austriacos la mayoría de sus conclusiones económicas, las obtenidas mediante el método praxeológico.

2. A continuación la escuela de Chicago desarrolla métodos matemáticos y empíricos para demostrar las conclusiones que anteriormente habían aportado los austriacos con su método.  

3. Como en muchas ocasiones la realidad desmiente de modo evidente las conclusiones económicas de los austriacos. Los neoliberales han de hacer grandes esfuerzos creativos para lograr diseñar estadísticas con las que puedan confirmar matemáticamente sus premisas. Unas premisas, que como he dicho antes, aparecen deslegitimadas por la realidad.

En conclusión. El rechazo de la escuela de Chicago de la praxeología es sólo una cuestión de imagen. La incapacidad de los de Chicago de aceptar resultado empíricos que desmientan las ideas-fuerza de los austriacos y su ridículo intento de demostrarlo matemáticamente es sólo demostración de una cosa: Los de Chicago admiten que la praxeología es válida para obtener premisas, aunque luego deban justificarse matemáticamente. Es decir, los de Chicago no desechan el método praxeológico, simplemente lo quieren disfrazar y ocultar tras una apariencia científica y empírica. 

En realidad los supuestos economistas neoliberales (de la escuela austriaca o de la de Chicago) no tuvieron mucha aceptación en su día, la mayoría de los economistas contemporáneos no la consideraban suficientemente seria. El economista más popular en la época socialdemócrata, Galbraith, habló en alguna ocasión sobre los austriacos como una forma religiosa más que como una escuela económica, y trató a sus seguidores (escasos al principio) de fanáticos religiosos.

La utopía neoliberal acaba en distopía

 
El neoliberalismo como forma pseudoreligiosa cuenta con su propio paraíso o utopía. Es la que descrita por la corriente del neoliberalismo  llamada anarcocapitalista. Estos quieren la completa disolución del Estado para que el libre mercado lo gestione todo. Policías privados, justicia privada, ejércitos privados, etc. 

Su sociedad ideal se asemejaría a las ciudades aisladas del lejano oeste, pero sin sheriff, en donde cada uno sea libre y defienda sus derechos individuales a punta de pistola. En Estado Unidos el anarcocapitalismo está íntimamente unido a los movimientos en pro del derecho a llevar armas. Ejemplo de obra utópica neoliberal es la novela  La rebelión de Atlas, de Ayn Rand en la que unos empresarios se organizan y se instalan en un valle oculto donde crean una sociedad utópica basada en el libre mercado y sin intervención estatal. En la novela esta sociedad era perfecta y sus habitantes felices, igual que pasaba en las sociedades utópica narradas por Platón, Tomas Moro o Lenin. 

Al igual que pasó con las sociedades utópicas del pasado, cuando se intentan pasar de la ficción a la realidad la experiencia se convierte en un rotundo fracaso. 

Un grupo de libertarios inspirados por la novela de Ayn Rand se organizaron primero en  'Free State Project' (Proyecto del Estado Libre) y luego en 'Free Town Project' (Proyecto del Pueblo Libre) con el fin de  trasladarse todos junto a una zona poco habitada y crear su sociedad utópica neoliberal [12]. Así lo hicieron en 2003 y se mudaron todos juntos a Grafton, un pequeño pueblo de Nueva Hampshire en EEUU. De esta forma lograron mayoría y ocuparon el poder local desde donde comenzaron a construir legalmente su  utopía neoliberal. Recortaron el presupuesto local a lo mínimo, redujeron los  impuestos y dieron total libertad individual. Contaban que su éxito los convertiría en un modelo y el ejemplo se extendería. El resultado fue que los servicios públicos quedaron desatendidos y unos años después los osos negros comenzaron a frecuentar el pueblo. El motivo es que disponían de mucha comida en las basuras ya que el servicio de recogida de basuras estaba subfinanciado y no realizaba su labor con eficacia. Tampoco existía suficiente polícia o algún tipo de servicio local que se encargara de los osos. A diferencia de lo pronosticado en la utopía de Ayn Rand, no surgió espontáneamente un sector privado que sustituyera al sector público y cada vez había más osos. Cambiaron sus hábitos y se mostraban más agresivos, entraban en las viviendas y finalmente empezaron a atacar a las personas. El gobierno local libertario siguiendo su filosofía, descartó una respuesta estatal y dejó a cada vecino libertad para gestionar el asunto de los osos como quisiera. Entonces algunos vecinos amantes de los animales decidieron alimentar a los osos, otros los mataban con sus propias armas. La ciudad se convirtió en un lugar peligroso para vivir por los osos y por los tiroteos y seguían llegando más osos. Además la infrafinanciación de los servicios de mantenimiento de las tuberías de calefacción, les privó de ese servicio en una zona de bajas temperaturas. Los libertarios incapaces de solucionar la situación se dividieron, se acusaron mutuamente de estatalistas. Poco a poco los habitantes fueron abandonando la ciudad de la “libertad” en la que vivían recluidos en su casa para refugiarse en otras gestionadas por el “Estado opresor” donde podían salir libremente a la calle. 

Lo que empezó siendo una utopía (futuro deseable) se acabó convirtiendo en una distopía (futuro indeseable). Su dogmatismo les llevó al fracaso. Fueron incapaces de entender que hay problemas colectivos que el mercado no puede resolver y deben resolverse con el Estado.  

El cristianismo y neoliberalismo

 
Las interpretaciones extremas del neoliberalismo nacen en grupos religiosos de tipo radical y sectario. En Norteamérica la mayoría de sus miembros se encuadran en Iglesias reformadas o protestantes minoritarias. En América Latina y en España engrosan las filas de asociaciones religiosas igualmente radicales pero de filiación católica como el Opus Dei, Yunque o los Legionarios de Cristo.

Conviene aclarar que las iglesias son colectivos muy amplios,  así que no pueden juzgarse por las actuaciones de una parte de sus miembros. Es bien conocido el protagonismo de muchos miembros de Opus Dei en la difusión y en la aplicación del neoliberalismo, pero también es cierta la existencia de un grupo numeroso de católicos que luchan contra el neoliberalismo y contra sus mandamientos pseudoreligiosos. Es más, en cierto modo podría decirse que el rechazo al neoliberalismo tiene una base moral asentada en principios de origen judeocristiano.

“la raíz de todos los males es la pasión por el dinero” (1 Tim 6,10)

 “Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! “ (Marcos 10:23-24)

“Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mt 19,23-30)

El teólogo jesuita José Ignacio González Faus nos describe la crisis económica derivada de las políticas neoliberales en estos términos:

(…) Y una vez que los conocemos será fácil comprender a qué aspiran con sus manipulaciones financieras y sus especulaciones secretas. (…) En cualquier caso, se trata de acabar con las clases medias y volver a la economía “de siempre”: a la economía del imperio romano y del feudalismo que tienen más de mil años de existencia en comparación con el sarampión socialdemócrata de la Modernidad. ¡Entonces no había tantos parados como ahora! Es cierto que había esclavos, pero ¿no es mejor eso? Los esclavos al menos comen, y no tienen que ir de Cáritas en Cáritas a ver qué recogen.
De este modo conseguirán los mercados su meta final: acabar sutilmente con nuestra democracia o, al menos, reducirla a la posibilidad de elegir sólo entre gobiernos de derecha y de extrema derecha, como pasa ya en Estados Unidos. Y negar vigencia política a todas las veleidades igualitarias y de justicia social que amenazan a la libertad individual. Porque vale: “todos los hombres son libres” pero… “unos más que otros”, como decía aquella famosa novela.
En resumen: esos inocentemente llamados “mercados” lo tienen todo tan “atado y bien atado”, que hemos asistido a la imposibilidad de luchar contra ellos: huelgas, manifestaciones y algaradas en Grecia, Francia, Inglaterra, Irlanda o España resultan sacudidas tan pequeñas que no les hacen ni tambalearse: porque las reglas del juego las marcan ellos y no los políticos.
Hoy, en cambio, ya no se discute nada de aquello; y sin embargo ya no estamos en un capitalismo de producción sino pura y simplemente de especulación: un sistema en el que los inversores pueden mandar a la miseria a miles de ciudadanos, no para producir ningún tipo de riqueza sino para que su dinero les produzca más dinero. Y además de una manera anónima: porque nunca verán la cara ni conocerán la historia de sus víctimas; y la injusticia no la cometerán ellos inmediatamente, sino a través de sus esbirros que resultan ser los políticos (…) [13]

La religión neoliberal

 
Este carácter pseudoreligioso del neoliberalismo no aparece por generación espontánea, en realidad es la continuación de la sacralización que ya se había dado en el capitalismo liberal de inicio de siglo. La defensa del capitalismo ya se estaba planteando en términos religiosos en los años 20. El filósofo Walter Benjamin escribía en 1921:  
 
Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, penas e inquietudes a las que daban antiguamente respuesta las denominadas religiones.  La comprobación de esta estructura religiosa del capitalismo, no sólo como forma condicionada religiosamente (como pensaba Weber), sino como fenómeno esencialmente religioso (...) El capitalismo –como se evidenciará no sólo en el Calvinismo, sino también en las restantes direcciones de la ortodoxia cristiana– se ha desarrollado en Occidente como parásito del Cristianismo, de tal forma, que al fin y al cabo su historia es en lo esencial la historia de su parásito, el capitalismo  [14]
 
El crecimiento de los treinta gloriosos (1945-75) tras las guerras mundiales consolidó la popularidad del sistema capitalista en su modalidad keynesiana, el problema vino con la crisis de los 70 y con el giro en las políticas económicas. Se hizo necesario reforzar la fe en el sistema en un momento en el que sufría una crisis de legitimidad, tal y como pronosticó Jürgen Habermas en 1973 [15]. El capitalismo en su forma neoliberal, a diferencia del anterior, sí que necesita justificarse en términos teológicos/religiosos ya que es incapaz de justificarse en base a sus resultados reales. Ahora adopta una estructura ideología de tipo religioso basada en una serie de dogmas explicados magistralmente por este bloguero [16]:
 
El Dios Mercado nos castiga o nos premia según su divina voluntad. Si la economía crece, debemos agradecérselo al Dios Mercado. Si estamos en crisis, debemos realizar sacrificios para contentarle. Flexibilizar el mercado laboral, privatizar empresas públicas, reducir los impuestos, reducir la deuda pública…Como si fueran mandamientos del Dios Mercado, las recetas económicas SIEMPRE son exactamente las mismas para todo tiempo y lugar. Da igual que país seas, da igual en qué momento histórico se encuentre, da igual que te vaya bien o te vaya mal, siempre hay que seguir exactamente los mismos pasos. En realidad, no sé para qué necesitamos economistas. ¿Qué hay crisis? flexibilizar el mercado laboral, privatizar empresas, reducir los impuestos, reducir la deuda pública ¿qué la economía crece? flexibilizar el mercado laboral, privatizar empresas, reducir los impuestos,  reducir la deuda pública ¿qué eres Argentina? ¿qué eres China? ¿qué eres Alemania? todas estas cosas, no importan. La realidad de tú país, no importa. Sólo importa que sigas las mismas leyes universales. Los mismos mandamientos: No nacionalizarás. No pondrás trabas al libre despido. No aumentarás los impuestos. No aumentarás el gasto público. No sigas esas normas y el Dios Mercado te castigará (tarde o temprano, aunque pasen 30 años ya estarán ellos para decirte “te lo dijimos”). No las sigas y el Dios Mercado te premiará…”


Hay que insistir que el carácter religioso del neoliberalismo no es en un sentido metafórico, sino en un sentido pleno. El neoliberalismo como filosofía y como moral ofrece un conjunto de creencias con las que responde a todas las preguntas vitales. La hegemonía del ordoliberalismo primero en Alemania y luego en el resto de Europa, ha convertido el neoliberalismo en la ideología religiosa dominante hasta el presente [17].  

Todos los razonamientos y/o falacias neoliberales se repiten a diario desde la mayoría de los medios de comunicación para crear una sensación de determinación. La doctrina neoliberal se ha asimilado tan profundamente que ha logrado implantar en el pensamiento la idea de que no hay alternativa a las políticas neoliberales. There is no alternative (TINA) fue el eslogan que usó por primera vez la política neoliberal Margaret Thatcher. Mediante la falacia de la falsa dicotomía, se ha convencido a la mayoría de que la única alternativa al neoliberalismo es el infierno comunista, bolivariano o satánico.

En esta nueva realidad neoliberal la injusticia y la pobreza es cosa de los países que no siguen la doctrina neoliberal. En los países neoliberales si hay injusticia y pobreza no es culpa del sistema. Como dice el escritor y pensador uruguayo Eduardo Galeano:
 
Antes se admitía que un mundo que genera pobreza es un mundo injusto, es decir, que la pobreza es hija de la injusticia. Hoy por hoy es cada vez más raro escuchar esto. Resulta que la injusticia ha dejado de existir: la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece.  [18]

 

La culpabilidad y el pecado de origen cristiano se han trasladado a la doctrina neoliberal para que la víctima se autoinculpe, se sienta la única responsable de su situación y así las políticas neoliberales que le han llevado a su situación quedan a salvo de toda crítica. El mensaje es sencillo: las políticas neoliberales, a las que suelen llamar “capitalismo”, te han dado suficientes oportunidades, si no las has aprovechado es culpa tuya , tal y como dijo Julio Anguita en un mitin en 1999: 


Uno de los éxitos entre comillas del sistema americano es conseguir que el pobre, el miserable, se sienta culpable de su situación. Es la filosofía calvinista, hija del protestantismo. Tú eres culpable de tu situación. No has sido capaz de triunfar. Esa es la filosofía de la sociedad americana, y si no has triunfado es porque tú eres el responsable. Esta sociedad da oportunidades a todo el mundo. Si tú no has podido hacerlo así, tú eres el culpable. Y entonces el oprimido, el pobrecito, el esclavo, se echa encima la responsabilidad de su situación. Es perfecto el dominio del poder. Un dominio del poder que ya no se basa en la fuerza, en la coacción, en la utilización de la Guardia Civil o del Ejército. Se basa en un dominio mucho más terrible, más duro, el dominio de la mente [19]


Si algo sale mal, si eres pobre, si no ganas lo suficiente, es porque no has cumplido con los mandamientos de la ley divina neoliberal. La auto culpabilidad en el neoliberalismo es aún más profunda que en el cristianismo. Ahora nunca se tiene lo suficiente, siempre es necesario tener más y ganar más para consumir más, por eso el sentimiento de culpabilidad en la religión neoliberal no es algo accidental, es una realidad permanente.   

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, también hace una enumeración de mandamientos religiosos neoliberales, emanados de la primera verdad sagrada y centro del pensamiento único: todos los problemas son resueltos por la mano invisible del mercado. A partir de ahí tenemos lo que Ramonet llama catecismo del pensamiento único, que se apoya en dogmas de este tipo:
La mano invisible del mercado corrige las desigualdades y disfunciones del capitalismo, Los mercados financieros poseen señales que orientan y determinan el movimiento general de la economía, Competencia y competitividad estimulan y desarrollan los negocios, aportándoles una modernización permanente y beneficiosa, El comercio libre sin barreras es un factor de desarrollo ininterrumpido del comercio y por tanto de las sociedades, La división internacional del trabajo modera las demandas laborales y aminora los costos de mano de obra…”

La moral neoliberal posmoderna: el sueño americano


La filosofía/fe neoliberal se encuadra perfectamente dentro de la tendencia posmoderna. El enfoque posmoderno se caracteriza por carecer de verdades objetivas. En su pensamiento líquido todo queda relativizado y subjetivizado. La posmodernidad desprecia el racionalismo, rechaza el conocimiento profundo y pone el foco en las emociones o verdades autopercibidas, igual que hace la filosofía praxeológica de los neoliberales. De esta forma las mentiras o manipulaciones quedan libres de toda crítica con un simple “es mi opinión, respétala”. Incluso los intelectuales de izquierda han caído en la trampa de la posmodernidad, como decía Chomsky:

Los intelectuales de izquierda participaron activamente en la vida animada de la cultura obrera. Algunos buscaron compensar el carácter de clase de las instituciones culturales con programas de educación obreros o mediante obras de divulgación -que conocieron un éxito muy grande- sobre matemáticas, ciencias y otros temas. Es hiriente constatar que hoy en día sus pretendidos herederos a menudo privan a los trabajadores de estos instrumentos de emancipación, informándonos, de paso, de que el ‘proyecto de los Enciclopedistas’ está muerto, que hay que abandonar las ‘ilusiones’ de la ciencia y de la racionalidad. Será un mensaje que hará felices a los poderosos, satisfechos de monopolizar esos instrumentos para su propio uso[20]

La filosofía posmoderna sustituye la lucha por las condiciones materiales por la lucha por la identidad subjetiva. La conciencia de clase queda diluida y desaparece en un mar de identidades interclasistas en base a criterios territoriales, identidad sexual, gustos y aficiones, etc.

La justa resistencia contra la injusticia se sustituye por la resiliencia: un eufemismo para hablar de resignación. La necesaria cooperación colectiva para contrarrestar la fuerza de la patronal o de la oligarquía, se sustituye por un individualismo idealista en el que tú eres el responsable de tu situación laboral y por lo tanto tu precariedad es por tu culpa, la autoculpa. En relación a lo anterior, de la misma forma que tus fracasos son exclusivamente por tu responsabilidad, tus éxitos también. Despojados de bases teóricas consistentes, moviéndonos en un mudo teórico de idealismo desligados de la realidad, se puede inocular la creencia siguiente:

Circunstancialmente eres de clase baja o precaria, pero esto no es más que una etapa en tu camino hacía el éxito que te convertirá en un rico/famoso/influencer/ etc. Eres una persona de clase alta que, temporalmente, no estás en el lugar que “te corresponde”.

Así las cosas se entiende como el trabajador precario empatiza con la clase social dominante de la que cree que va a formar parte en un futuro. Así que defiende los intereses de la clase social que le explota laboralmente y perpetúa las condiciones de precariedad.

Recuerde: Yo puedo entender que tú quieras aumentar tu riqueza particular y que propongas medidas vayan en esta dirección, eso es coherente, lo que no acepto es que me digas que lo haces por mí o por el bien común. Todos luchamos por nuestros intereses particulares, pero no todos lo hacemos con cinismo y mentiras. Ten el valor de ser honesto y sincero y deja de tomarnos por tontos.

El consumismo desnortado y el sentido a la vida


Desde el cine se ha extendido el mito del sueño americano. Consciente o inconscientemente, se ha generalizado la aspiración al enriquecimiento material y al consumismo ostentoso, como principal meta vital. Simultáneamente se ha logrado convencer de que el éxito o el fracaso en la consecución de este objetivo, depende exclusivamente del esfuerzo personal e individual. La realidad es que la herencia recibida y los factores coyunturales son determinantes en el éxito o el fracaso, pero esto es deliberadamente ocultado por la mitología predominante. Ambas creencias se han convertido en el mayor estímulo psicológico para los náufragos del neoliberalismo. Si anteriormente he hablado de lo irreal que suponen las creencias alienantes, entendido esto como la enajenación de tus propios intereses, ahora voy a criticar el sustrato moral que hay detrás. ¿Realmente la consecución de bienes materiales puede convertirse en lo que de sentido a nuestra vida? 

Evidentemente necesitamos cubrir nuestras necesidades materiales para vivir, pero una cosa es lo necesario y otra cosa es lo importante para nuestro desarrollo personal. Defecar es necesario pero no por ello forma parte de nuestros objetivos vitales. Tener trabajo y sustento material es necesario pero no por ello debe formar parte de nuestros objetivos vitales. Lo importante es aquello que nos llena, una vez cubiertas nuestras necesidades vitales hayan sido satisfechas. Acaparar bienes materiales lujosos no va te va a hacer mejor persona, ni más feliz ni más satisfecho con tu vida. Eso es tener una escala de valores desordenada. En la  lucha por lograr una vida digna en lo material, si piensas que la clave es la consecución del objetivo material, estás confundido. Realmente lo importante está en “la lucha”, en el camino para lograrlo. Debes replantearte si las cosas que consideras importantes realmente lo son o si se trata simplemente de cosas necesarias.     

El nihilismo que nos ha dejado una suerte de desierto que, aún lleno de cosas, todo en él está vacío, quedando solo espacio para la vulgaridad, la mediocridad, el desasosiego, la estupidez y el correspondiente poder desembridar, crudo y feo del dinero… La vida y el mundo dejan de ser así un escenario en el que cumplir un papel y un destino, y se convierten simplemente en un lugar lleno de cosas con las que bregar y, dado el caso, usar y aprovechar. La modernidad se configura de este modo y en sí misma como una realidad harto subversiva y problemática en la que la cuestión no es tanto lo que nos da (sus logros materiales son incuestionables), como lo que nos quita. En el sentido de que escamotea el argumento mismo de la existencia al confundir lo necesario con lo importante y hacer de la dimensión puramente material de la vida, el horizonte de sentido y eje vertebrador de todas las cosas. [21]





[1]  Carlo Cipolla Allegro ma non troppo (1908)
[2]  David Harvey. Breve historia del neoliberalismo, 2007
[3] Informe sobre la propiedad de las acciones cotizadas del BME (Bolsas y Mercados Españoles) en 2023.
[4] Discurso durante la conferencia Alternativas contra el neoliberalismo,  Cáceres 1999. Este discurso se ha calificado como el mejor discurso de Julio Anguita, que fue líder de la coalición Izquierda Unida desde 1989 hasta 2000.
[5] Eric Hobsbwn, historiador inglés, en su obra "Historia del siglo XX" 
[6] Jaime Puyana Ferreira colombiano radicado en México, recientemente fallecido. Fue Doctor en Economía, New School for Social Research, New York City. Ha sido profesor de la Universidad de los Andes, Universidad Nacional de Colombia, Universidad Industrial de Santander, Universidad Autónoma de Bucaramanga, en Colombia. Profesor investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa, México DF. Autor de Globalización financiera y determinación de los tipos de cambio, 2006.
[7] José Valenzuela Feijóo chileno radicado en México desde 1974, Ingeniero Comercial por la Universidad de Chile, Candidato a Doctor por la Universidad Lomonosov y Doctor en Economía por la Universidad Autónoma Metropolitana de México.
[8] Pierre Bourdeau fue catedrático de Sociología en el College de France y director de la revista Actes de la Recherche en Sciences Sociales (1975-2002) 
[9] Dos conceptos de libertad  Isaiah Berlin, ensayo escrito en 1958
[10] Gustavo Bueno, El sentido de la vida, Pentalfa, Oviedo 1996
[11] Ludwig von Mises  La acción humana: Tratado de economía (1949).  
[12] Matthew Hongoltz-Hetling The Utopian Plot to Liberate an American Town (and Some Bears)'  ['Un libertario se encuentra con un oso: el complot utópico para liberar un pueblo estadounidense (y a algunos osos)']
[13] Alí Babá y los cuarenta mercados del teólogo jesuita- José Ignacio González Faus, 23-Enero-2011
[14] Walter Benjamin El Capitalismo como Religión (1921). 
[15] Jürgen Habermas Problemas de legitimidad del capitalismo tardío (1973)
[16] Llamado Tiberio, cita extraída de su entrada de blog: http://libertinajed.wordpress.com
[17] José Luis Villacañas Neoliberalismo como Teología Política (2020) 
[18] Eduardo Galeano en Patas arriba. La escuela del mundo al revés. (1998)
[19] Discurso durante la conferencia Alternativas contra el neoliberalismo,  Cáceres 1999. Este discurso se ha calificado como el mejor discurso de Julio Anguita, que fue líder de la coalición Izquierda Unida desde 1989 hasta 2000
[20] Citado en Daniel Raventós, Noam Chomsky sobre la revolución cognitiva, el postmodernismo, la libertad de expresión, la democracia y las guerras, en Sin Permiso, nº5
[21] Tomado de El poder del mito (2020) del historiador y pensador tradicionalista Gonzalo Rodriguez García.  


1 comentario:

  1. https://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=p4rlTUuTWZY

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