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4. Neoliberalismo práctico y sus resultados

Como ya vimos cuando hablamos del neoliberalismo teórico y el práctico, es importante no confundir la doctrina teórica neoliberal con las políticas neoliberales prácticas. La teoría neoliberal se fundamenta en silogismos  ideales cuya traslación a la realidad resulta siempre un perjuicio para la mayoría de la población. Hayek y Friedman estuvieron encantados cuando sus ideas se aplicaron por primera vez en las dictaduras latinoamericanas (Chile y Argentina), donde la represión armada ahogaba cualquier intento de resistencia. Pero en democracia existe el “estorbo” de las elecciones. Los políticos neoliberales en democracia no actúan igual que los dictadores citados y suelen aplicar las sus propuestas prácticas lentamente y de modo parcial. Se trata de que el trauma sea menor y que la población se vaya acostumbrando gradualmente, de lo contrario podrían perder el apoyo electoral.  


Medidas neoliberales concretas


Todas las medidas van en una dirección: lograr que el Estado deje de intervenir en la economía para que los ciudadanos pierdan su libertad y acaben convertidos en esclavos económicos del “mercado”, un eufemismo para referirse a los grandes inversores/especuladores, a los plutócratas. Hayek, uno de los líderes intelectuales de los neoliberales los explica claramente:


El sistema solo funciona bajo la condición de que el individuo tenga la disposición de adaptarse a los cambios y procesos, de someterse a convenciones que no serán los resultados de una planificación racional. [El individuo debe estar dispuesto a] subordinarse a las consecuencias de los procesos que nadie ha planificado y que, posiblemente, nadie entienda”. [1]


En sus argumentos los neoliberales nos dicen que la destrucción de los derechos laborales y avanzar hacia formas de esclavitud laboral no supone ninguna limitación de la libertad. Evidentemente las duras medidas que defienden no les afectan a ellos. Ellos serán ampliamente premiados por el poder económico en agradecimiento por defender unas propuestas que tanto les benefician. Efectivamente, sus propuestas no limitan su libertad, la de ellos (plutócratas y lacayos neoliberales), aunque sí se la limitan al resto, a la mayoría de la población. Otro motivo más para no llamar liberales a los neoliberales. Por eso desde sus numerosos medios de comunicación intentan convencer a la población de que la esclavitud laboral no es algo negativo, dice Hayek textualmente:


“Aunque por la amenaza del hambre [un individuo] se sienta obligado a aceptar un empleo que le disguste y por un salario muy bajo y se sienta a la merced de otra persona dispuesta a emplearlo, no existe coerción ni por parte de esta persona ni por parte de la sociedad en el sentido planteado” [2]


Las políticas neoliberales buscan aumentar los beneficios de rentas altas con medidas de distinta índole, la metafísica teórica neoliberal se usa para convencernos de que esas medidas nos benefician a todos a pesar de que la realidad indique lo contrario. Y si no funcionan nos dices que es porque no  se han aplicado con la intensidad requerida. Analizaré las principales políticas neoliberales prácticas empezando por la que ya he comentado previamente.


Más deuda pública


Una medida fundamental en el plan de reformas neoliberales es fomentar el endeudamiento de los Estados para hacerlos depender de los inversores, es decir, de ellos mismos. Además así se pueden reducir los impuestos. Este es un claro ejemplo de la gran diferencia que hay entre el neoliberalismo práctico (lo que efectivamente hacen los políticos neoliberales en base a la realidad) y el neoliberalismo teórico (lo que los gurús dicen que hay que hacer). El discurso teórico en contra de la deuda pública se convierte en pura fantasía si se reducen los impuestos, se priva a los gobiernos de la financiación directa desde sus bancos centrales y se quiere mantener los servicios sociales y públicos. Con el nuevo sistema financiero tras la desregulación de Nixon (1971) se fomentó el endeudamiento de los Estados como una forma de enriquecer a los inversores. La idea es que los gobiernos renuncien a financiarse directamente a través de sus bancos centrales y que lo hagan indirectamente y que sean los ricos los que presten al Estado el dinero. Esto no se hace solo a escala nacional, también se indujo a muchos gobiernos corruptos para que solicitaran préstamos (a través del FMI y del BM) en una moneda que no es la suya (dólar) en un interés variable. Se les indujo a aumentar su dependencia industrial del exterior para que sus economías estén sometidas al pago eterno de la deuda. Cuando la situación se hizo desesperada, el FMI y el BM condicionaron la ayuda necesaria a la aplicación de políticas neoliberales, lo que supuso nuevos beneficios, al tiempo que se destruía la paz social en estos países.

Oliver Lorillu y Éric Toussaint  [3] explican la estafa de la deuda externa magistralmente. En los años 60 y 70 se concedían préstamos a los países del tercer mundo a bajo interés. Los créditos se pidieron contando con unos ingresos que van decreciendo, ya que el valor de los productos de estos países (materias primas) no hace más que devaluarse. Además en los años 80 Reagan decide aumentar unilateralmente los intereses de la deuda. Uniendo estos dos elementos (valor de la producción devaluada +  aumento intereses) la devolución se hace imposible, por lo que los dirigentes locales han de renegociar con el FMI y el BM nuevos créditos para pagar los intereses de los créditos antiguos.

Hoy en día están repitiendo la operación en los países desarrollados con algunas modificaciones, pero con el mismo propósito. Gracias a los mercados especulativos pueden coaccionar a todos los gobiernos que hayan sacado deuda pública al casino de las cotizaciones.



Privatizar y menos impuestos


Otra medida fundamental del neoliberalismo es demandar continuamente la reducción de impuestos y la privatización de los servicios sociales (herencia de la época socialdemócrata). Esta medida impopular se venderá siempre como una forma de mejorar  la eficacia, por ello, normalmente, antes de privatizar un servicio público, se forzará una mala gestión previa que lo justifique. Además se venderá como una consecuencia necesaria de otra medida supuestamente positiva: la reducción de los impuestos para todos. En realidad la privatización no tiene nada que ver con la reducción de los impuestos ya que un Estado con soberanía monetaria no se financia con impuestos. De modo que el ciudadano de la calle cree que sale ganando cuando en realidad es justo lo contrario. Al privatizar los servicios sociales, estos aumentarán sus precios en un grado muy superior al ahorro derivado de la reducción de impuestos. Como es lógico, este encarecimiento no afecta tanto a las rentas altas que pueden permitirse esos precios. En este sentido concluyen los estudios que se han hecho comparando los servicios sociales de Suecia y de los Estados Unidos. Los ciudadanos suecos pagan menos en impuestos por sus servicios sociales, que lo que los norteamericanos pagan directamente para cubrir esos servicios privatizados. En lo referente a la sanidad, además con una cobertura menor. Igual pasa si se compara la sanidad inglesa con la estadounidense [4]. La sanidad americana, que está  privatizada, tiene peores resultados siendo más cara . La reducción de impuestos que ha supuesto la privatización de la sanidad, solo ha beneficiado a los más ricos, ya que los demás han de pagar mucho más por el encarecimiento de los servicios y de los fármacos.

La reducción de impuestos a las rentas altas ha sido la tónica durante todo el periodo neoliberal (desde los años ochenta) y se ha hecho de varias formas. En Alemania los impuestos sobre el capital se redujeron 26 puntos en el período 1995-2009, y el gravamen fiscal de las rentas superiores se redujo 9,5 puntos. En España y Francia la reducción de los impuestos de las rentas superiores alcanzó los 13 puntos [5] .

En España, tanto el PP como el PSOE han actuado en el mismo sentido. En 1986 los impuestos directos (que afectan más a las rentas altas) representaban el 64% y los indirectos el 32%, en 2006 estos porcentajes pasaron a ser el 51% y 47%.  En 2008 el gobierno del PSOE de España se alinea con el neoliberalismo más extremista y elimina el impuesto de patrimonio. El Estado ha dejado de ingresar más de 2.121 millones de euros anuales. Esta reducción de impuestos, que afecta sobre todo a las rentas altas, se ha compensado reduciendo el nivel salarial de las clases baja y media. Tres años después de la supresión del impuesto de patrimonio el gobierno del PSOE congela las pensiones de los jubilados para ahorrar 1.500 millones, que es menos de lo que había perdido anualmente por haber quitado el impuesto de patrimonio.

Para realizar las privatizaciones con éxito se siguen cuatro fases:

Fase previa: lograr la ineficacia de los servicios públicos.  No es posible privatizar si los servicios públicos funcionan bien, es necesario boicotearlos. Cuando un partido privatizador llega al poder comienza una lenta pero continua reducción de gasto en los servicios públicos para vender la idea de su ineficacia. Se vincula esta ineficacia a los trabajadores de las empresas públicas que se muestran como perezosos,  incompetentes y acomodados por rígidos contratos por los que no pueden ser despedidos aunque no sean aptos para él. Al reducir el gasto público ya puedes empezar a reducir impuestos y venderlo como un éxito.   

Fase A: el aparente éxito. Se inician las privatizaciones y en esta fase permiten al Estado aumentar sus ingresos fiscales a corto plazo y mejorar las cuentas públicas. Esto se hace de dos formas: vendiendo directamente empresas públicas rentables y el Estado pasa a contratar esos servicios, o con concesiones por las que las empresas privadas gestionan un servicio por menos coste del Estado, ya que gastan menos en salarios. Esto se acompaña de la bajada de impuestos y se relaciona públicamente una cosa con la otra. Al mantenerse los servicios públicos, se vende esta decisión como un éxito de la decisión.  Aunque en esta fase la reducción de salarios ya afecta a la demanda, no beneficia a las cifras de desempleo porque cada trabajo fijo y estable que se destruye, puede generar varios puestos de trabajo inestables y temporales. Al mismo tiempo los políticos se garantizan su futuro en puestos de consejeros de las empresas beneficiadas donde cobrarán salarios millonarios.

Fase B. Problema justificatorio. Aparece un problema nacional o internacional que se usa como justificación para reducir los servicios que se ofrecen e introducir el copago o aumentar el coste al consumidor. Este problema puede ser de cualquier índole, normalmente se usan coyunturas económicas desfavorables, ya que son fáciles de conectar con las actividades que se ofrecen desde los servicios públicos privatizados. Si se trata de un servicio esencial o hay presión social el Estado “rescata” o “refinancia” a esas empresas, es decir, el Estado se endeuda y le regala dinero a esas empresas para que sean rentables y sigan ofreciendo ese servicio. Es la única opción porque en la fase anterior el Estado ha vendido sus empresas y ahora no puede recuperar esa competencia. En esta segunda fase el servicio público deja de tener tanto uso debido a la introducción del copago y a la reducción de los servicios que ofrece y el Estado aumenta su gasto público por lo que debe endeudarse para esos “rescates” si no quiere aumentar los impuestos.

Fase C. La privatización completa beneficiosa. La progresiva reducción de los servicios privatizados y el creciente copago nos llevan a una situación en la que se hace indistinguible un servicio regulado por el Estado de otro privado completamente. Además por su degradación las familias más solventes han dejado de usar ese servicio y usan alternativas totalmente privadas que ofrecen mejores servicios. Así las cosas puede plantearse a la ciudadanía como beneficiosa la privatización total: se vende la idea de que así el Estado no tendrá que rescatar y al tener menos gasto podrá reducir los impuestos y eso permitirá a todos costearse ese servicio privatizado. Evidentemente solo se lo permitirán los de clase alta y los que más ingresos tengan de la clase media. La clase baja y la clase media/baja deberán conformarse con el altruismo y con las ayudas sociales que ofrezcan las autoridades. Además ahora la clase alta puede lucrarse participando como accionistas de las empresas que ofrecen los servicios sanitarios, educativos, etc. , algo que no podían hacer cuando esos servicios eran de titularidad y gestión pública.  Muchas personas que antes disfrutaban de servicios públicos al bajo coste de los impuestos, ahora, pagando menos impuestos, no pueden acceder a esos servicios porque su nuevo precio de mercado los hace inaccesible para ellos.  




Trabajo precario y alto desempleo


Otra forma de aplicar las políticas neoliberales consiste en empeorar las condiciones laborales de los trabajadores y en medidas que mantengan un alto índice de desempleo. Es lo que los neoliberales llaman eufemísticamente “aumentar la productividad para ser más competitivos”. Para mantener la situación de privilegio que disfruta la élite, es necesario que el trabajador no pueda aprovecharse de la reducción de jornada que los avances técnicos permiten. Si tiene demasiado tiempo libre, podría pensar por su cuenta. Por ello, en cuanto sus políticas económicas logran los primeros y deliberados malos resultados económicos, empiezan a reivindicar desde sus medios de comunicación los famosos ajustes estructurales. Su programa de ajuste estructural  o P.A.S. son paquetes de medidas que incluyen la reducción de salarios, aumento de horas de trabajo, despido libre, etc.

Los P.A.S. solo son posibles con un alto índice de paro que sirva de coacción a los trabajadores, por eso se realizan políticas desde el Estado para mantener el paro por encima del 5%, a eso lo llaman “tasa natural de desempleo”. Como explica Paul Krugman, el ideólogo neoliberal Friedman dejó claro que el pleno empleo no debe ser un objetivo porque las políticas monetarias que proponen lo hacen imposible. Friedman asume que no es posible usar la expansión monetaria para alcanzar un objetivo arbitrario de pleno empleo sin provocar a la larga una inflación inaceptable. 

Efectivamente los resultados reales confirman que la relación que hacen los neoliberales entre empleo y productividad es falsa. De 2007 a 2009 el crecimiento de la productividad en España fue el mayor de la OCDE (los países más industrializados) alcanzando el 5,4%, mientras que la media fue de un -1,1%. Sin embargo en el mismo periodo España fue el país donde más se destruyó empleo (un -7,2%) [6] 

Las reformas laborales que defienden los neoliberales aumentan la precariedad laboral y el paro, pero son beneficiosas por otras razones: aumentan los beneficios empresariales, y reducen la fuerza del movimiento sindical y del resto de los movimientos reivindicativos. Este proceso de involución en los derechos laborales adquiridos es descrito por Jean Ziegler como la tercermundialización del primer mundo.



Fomentar la migración laboral


La medida más cínica que defienden los neoliberales es el libre movimiento de trabajadores en un contexto de precariedad.  De esta forma pueden presentarse como defensores de los derechos humanos cuando en realidad lo que quieren es traer mano de obra más barata que presione a la baja los salarios. Esta medida sigue el mismo objetivo que la de fomentar el desempleo: disponer de una amplio ejército de trabajadores disponibles con el fin de tener una posición dominante en las negociaciones de las condiciones de trabajo [7]. Además la emigración permite avivar las luchas entre grupos de trabajadores con el fin de reorientar su descontento contra sus semejantes y no contra la oligarquía. Se trata de poner a luchar al último contra el penúltimo.  




Libre deslocalización industrial


Otro objetivo de las políticas neoliberales es fomentar la deslocalización de la producción (trasladándola a un país del 3º mundo) y la desindustrializando el primer mundo. Para mantener altos márgenes de beneficios, se facilita legalmente el traslado de la producción a países con mano de obra más barata (“deslocalizar”). A estos países (tercermundistas)  previamente se les ha colocado una situación de dependencia a través de los planes de sometimiento económico orquestados desde el FMI y el BM. Gracias a la crisis planificada de estos países, también se logra la llegada masiva de obra barata dispuesta a aceptar más fácilmente las condiciones de los P.A.S. (emigración legal o ilegal, en ambos casos se considera útil). Además la desindustrialización de los países del primer mundo, les hace más dependientes del comercio exterior, reduciendo el control real de los gobiernos sobre la economía, en cambio aumenta el poder de las multinacionales, en manos de la oligarquía plutócrata.   

Vicenç Navarro nos aporta datos sobre la concentración de la riqueza en manos de un pequeño número de multinacionales: 


En 1994 la Revista Fortune de Nueva York concluyó que el crecimiento de los beneficios de las 500 empresas más grandes en el ese año, fue de un 15%. Las corporaciones multinacionales siguen estrategias de acuerdos y grandes fusiones para evitar la competitividad. Los dirigentes de corporaciones organizan y subvencionan la reunión de Seattle de la OMC (Comercio), desde donde impulsan las políticas neoliberales. Gracias a lo anterior en 1999 ya controlaban 1/3 del comercio mundial, y las 10 MNC más importantes de cada sector, controlan, del conjunto mundial, el 86% de las telecomunicaciones, el 85% de los fertilizantes, el 70% de la producción de ordenadores (...)




Libre movimiento de capitales


Otra medida clave que defiende el neoliberalismo es la desregulación total del movimiento de capitales para que los plutócratas puedan multiplicar su riqueza en el casino financiero-bursátil internacional, independientemente de que esto pueda suponer la ruina para muchos países. La libre circulación de  estos capitales  crecientes a escala mundial acarrea crisis económicas periódicas, la decisión especulativa de una sola persona, provocó la crisis internacional de 1994) pero incluso en caso de crisis económica se consigue un aumento de los  beneficios de los magnates que desencadenaron el proceso. Además aprovechan para justificar  las reformas mencionadas anteriormente.

De todo este chanchullo los responsables quedan impunes. Además los creadores directos de todo este proceso vicioso, se autoproclaman partidarios de la limitación de la entrada de los migrantes y defensores de la esencia nacional. Esto les hace aparecer frente a la opinión pública como patriotas y consiguen así  un mayor apoyo popular.      

Se pretende que los ciudadanos asimilen la idea de que tienen que ajustarse el cinturón trabajando más y cobrando menos, mientras los plutócratas guardan el grueso de sus capitales en paraísos fiscales, y entre ellos compiten por ver quién tiene más o menos yates y aviones privados. Para los ciudadanos es suficiente con  "pan y circo"; Es decir, que puedan cubrir sus necesidades básicas (el pan), y que sean felices con el circo.


Fomentar las burbujas especulativas 


Finalmente podemos plantear como realidad ligada a la práctica neoliberal la creación de burbujas especulativas como forma de crecimiento económico. Las políticas neoliberales de fomento del paro, reducción de salarios, etc. reducen la capacidad de compra de la clase baja y media. El aumento de la renta de la clase alta no puede compensarlo. Por ello la demanda (lo que compran los consumidores) se reduce, esto afecta a la economía que ralentiza su crecimiento. Para solucionar este problema se impulsa la expansión descontrolada del crédito. De esta forma la demanda se recupera artificialmente a base de endeudar a los consumidores. 

El catedrático Antón Costas [8] nos dice que muchos economistas se basan en esta idea para explicar la crisis financiera de inicios del siglo XXI:

Una explicación vincula la burbuja de crédito y la burbuja inmobiliaria es la desigualdad. Incapaces de hacerle frente mediante políticas redistributivas, los Gobiernos habrían utilizado el crédito barato y las políticas de desgravación a la vivienda para compensar la caída de ingresos de las clases medias y trabajadoras. El hecho de que la burbuja inmobiliaria haya sido más intensa en los países del Atlántico Norte, como España, parece apoyar esa hipótesis.

Los teóricos del comunismo soviético consideraban que sus propuestas iban a lograr la verdadera libertad y la verdadera democracia, incluso muchas dictaduras comunistas incluían en su nombre oficial el ostentoso término de democracia. Analizando la realidad, no la teoría, es un disparate considerar que el comunismo soviético era democrático porque simplemente lo dijeran sus teóricos. Igualmente de absurdo es considerar que el neoliberalismo sea contrario a la expansión descontrolada del crédito porque así lo decían sus teóricos. Los economistas neoliberales (tanto la escuela austriaca como la escuela de Chicago) criticaron el crecimiento basado en una expansión del crédito desconectada de la economía productiva, pero la realidad hace que su crítica carezca de credibilidad. En el momento en el que las políticas económicas prácticas que defienden hacen indispensable esta forma de crecimiento, de nada sirve sus afirmaciones teóricas si son irrealizables. No se puede considerar demócratas a los defensores del comunismo soviético por mucho que ellos se lo crean. De la misma forma no se puede considerar que los neoliberales rechacen la expansión descontrolada del crédito por mucho que lo repitan. La realidad lo desmiente, las medidas prácticas que defienden no dejan otra alternativa para mantener la demanda y el crecimiento económico.

Efectivamente si nos fijamos en la evolución de la deuda privada, desde los años 70 vemos que ha crecido sin parar, independientemente de la coyuntura económica.

Como ejemplo el endeudamiento total de empresas y particulares en España durante la última burbuja especulativa (datos del Banco de España). En 1996 la deuda total era de 261.365 millones de euros, en 2008 era de 1.869.882 millones de euros (1,87 billones de euros). Es decir, entre 1996 y 2008 el endeudamiento total se multiplicó por 6 (un crecimiento del 500%).

Esto ha sido posible gracias a la desregulación financiera. Esta expansión del crédito permite disimular una consecuencia irremediable de las políticas neoliberales: la reducción de la demanda privada por la reducción de los salarios y por la destrucción de empleo con la libre deslocalización (traslado de empresas a países con mano de obra barata). Este modelo de crecimiento económico que expande la deuda para mantener la demanda, funciona de forma parecida a una estafa piramidal y más tarde o más temprano acaba pinchándose como una burbuja

El sistema financiero se subordina a los intereses de los accionistas de los bancos privados (los plutócratas). Los bancos privados se consolidan como forzosos intermediarios entre los bancos centrales y los ciudadanos. Como sus beneficios en forma de interés son mayores cuanta mayor cantidad de dinero prestan, están especialmente interesados en que los políticos fomenten el aumento la demanda a base de créditos.

Se induce al ciudadano a endeudarse con varias medidas. Por un lado los ya mencionados ajustes estructurales incluyen reducciones de salarios y  la libre deslocalización permite aumentar el paro, con todo ello se logra descenso del nivel adquisitivo de los salarios. Mediante las desregulaciones y retirada de los controles efectivos, se impulsa la especulación en sectores económicos vitales (como en el caso de la vivienda). Las burbujas especulativas (que aumentan los precios) y la expansión del crédito (necesario para compensar este aumento de precios) disparan los beneficios de la banca y permiten al neoliberalismo lograr buenos resultados en algunos índices macroeconómicos. No les importa que finalmente todo esté abocado a la crisis porque la crisis también les resulta provechosa.  Los neoliberales han conseguido que se acepte con naturalidad la existencia de crisis sucesivas  (pinchazo de la burbuja especulativa) con recuperaciones (creación de una nueva burbuja especulativa). 

Recordemos que las burbujas son posibles gracias a la reducción de la intervención del Estado en un sector económico para dejar paso al lucro privado. Pues a la hora de corregir los efectos de estas crisis, de nuevo vemos cómo el neoliberalismo práctico se olvida de la teoría y ahora sí que pide la intervención del Estado para arreglar el desbarajuste. Los estados intervienen  “rescatando” al sector privado que se ha endeudado y reduciendo sus pérdidas de los grandes inversores. Tanto en la creación de la burbuja especulativa como en su corrección después del pinchazo las medidas tomadas han tenido el mismo efecto:  el lucro privado de un grupo de magnates. Teniendo en cuenta cual es la verdadera razón de las políticas neoliberales, se entiende lo que se hace para afrontar una crisis derivada del pinchazo de una burbuja. De eso hablaré cuando explique la crisis de 2008. 

 

    Notas al pie con la bibliografía

    • [1] [2] Citas de Hayek en la obra Wollt Ihr den totalen Markt? Der Neoliberalismus und die extreme Rechte, 1887 de Herbert Schui, profesor de economía en las universidades de Bremen y Hamburgo.
    • [3] Ambos han sido miembros del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo; CADTM y de ATTAC
    • [4] Tal y como explica el catedrático Vicenç Navarro en  Subdesarrollo social en España (2006) donde comenta el artículo del periódico  neoliberal londinense Economist (6-5-2006) donde compara la sanidad inglesa con la estadounidense.
    • [5]  Datos del artículo de V. Navarro Las políticas fiscales neoliberales publicado en el diario Público el 8/7/2010
    • [6] Datos aportados por The State of Working America. Economic Policy Institute. Washington, 2011.
    • [7] Es lo que Karl Marx llamó en El Capital el “ejército industrial de reserva”
    • [7] Antón Costas es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona


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    1 comentario:

    1. Feliz año nuevo, y a los neoliberales tambien, aunque les haga menos falta.

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