Liberalismo, socialdemocracia y neoliberalismo, aclaración de conceptos

Para entender el desarrollo económico es necesario previamente acotar el significado de los términos. Es una labor indispensable teniendo en cuenta que vamos a usar palabras que reciben diferentes significados o acepciones según las premisas ideológicas del que los usa. Lo que hago aquí una justificación semánticas de términos de uso polémico como neoliberalismo o socialdemocracia.

Liberalismo y socialismo

Desde una visión histórica el liberalismo inicial o clásico es el movimiento que nace en Gran Bretaña al final del antiguo régimen desde el siglo XVIII. Se opuso a las ideologías conservadoras que sustentaban al sistema vigente. Reivindicaban el liberalismo político: aumento de los derechos individuales y de las libertades políticas para un mayor número de personas (los propietarios); y el liberalismo económico: libre mercado, auto regulación, intervencionismo del Estado para fomentar los negocios privados. Los defensores de la auto regulación hablaban de una providencial mano invisible que corregía los errores del mercado sin necesidad de intervención estatal. Esta metáfora la toman de Adam Smith, pero desvirtúan el significado que le quiso dar el autor. Resulta paradójica esta apropiación habida cuenta de que el propio Adam Smith creía necesaria la labor del Estado como regulador.

Durante ese siglo y el siguiente, el sistema económico inspirado en el liberalismo logró una época de crecimiento económico sin precedentes. Donde no tuvo tanto éxito fue en garantizar los derechos humanos y sociales mínimos. La polarización social, las diferencias entre ricos y pobres, se acrecentó sin parar y esto tuvo como consecuencia la aparición de la lucha de clases entre burguesía-proletariado y la ruptura de la paz social: el aumento de las manifestaciones, las huelgas y los disturbios sociales, etc. En este contexto se expandieron ideologías con aspiraciones revolucionarias a las que se llamó genéricamente socialistas. El socialismo tuvo varias corrientes ideológicas: desde mitad del siglo XIX las principales fueron el socialismo marxista y el socialismo anarquista. Ambos movimientos coincidían en su rechazo del liberalismo tanto en su vertiente económica, como en su vertiente política, es decir, la democracia parlamentaria. El socialismo tuvo como principal teórico a Karl Marx, por lo que el socialismo decimonónico fue fundamentalmente un socialismo marxista. Marx pronosticó la autodestrucción del sistema capitalista por sus propias contradicciones, y su sustitución por un nuevo sistema en el que los medios de producción (tierras, infraestructuras y empresas) serían nacionalizados, es decir, pasarían  a ser de propiedad estatal. De esta forma desaparecería el libre mercado que sería sustituido por la planificación económica estatal.  


Socialismo socialdemócrata 

A comienzo del siglo XX el sistema económico demostró más resistencia de los previsto por Karl Marx. Por ello los socialistas de todas las corrientes fueron adoptando posiciones de tipo reformista y no rupturistas. Así pues, en el seno del socialismo marxista apareció la vía reformista, a la que hoy llamamos socialismo socialdemócrata o simplemente socialdemocracia. Los socialdemócratas aceptaron el sistema político liberal, es decir, eran  partidarios de la democracia y de los derechos individuales, pero en economía no eran partidarios del libre mercado absoluto, no creían que el libre mercado pudiera auto regularse, querían que el Estado interviniera para corregir los desequilibrios sociales.

Los socialistas socialdemócratas defienden un intervencionismo en la economía limitado que permite el libre mercado, por eso rompieron con los socialistas partidarios de la completa nacionalización de los medios de producción, que desde 1917 serán conocidos como socialistas comunistas o simplemente comunistas.

Liberalismo keynesiano 

Poco tiempo después, tras la Primera Guerra Mundial, la revolución rusa y la crisis de 1929 una parte de los liberales encabezados por Keynes, aceptaron la necesidad de intervenir en la economía para corregir los errores del liberalismo económico. No solo querían evitar la crisis económica, también se trataba de evitar que el comunismo de tipo soviético se extendiera por el fracaso del sistema económico liberal. Estos liberales aceptaron la necesidad de que el Estado interviniera directamente en la economía para corregir los errores del liberalismo desregulado.

Socialdemocracia keynesiana

Desde orígenes diferentes, tanto el socialismo socialdemócrata de origen marxista como el liberalismo keynesiano, confluyeron en unas propuestas muy parecidas orientadas hacia la consecución de una economía de tipo mixto: en parte controlada directamente por el Estado, en parte en manos del libre mercado. De esta forma se produjo la convergencia entre los partidos socialistas socialdemócratas y los partidos liberales que ahora defendían un liberalismo de tipo keynesiano.  A estas propuestas políticas concretas las llamaremos políticas socialdemócratas keynesianas.

Los gobiernos europeos durante la primera mitad del siglo XX recurrieron a las guerras para aliviar la tensión social y evitar la revolución. Pero tras la Segunda Guerra Mundial la vía militar se agotó, por lo que se buscó una nueva forma de acabar con la crisis social y frenar el aumento de la popularidad de los socialistas de tipo comunista. Por ello los partidos liberales y conservadores decidieron  apostar por el liberalismo keynesiano, es decir, defendían la aplicación de políticas socialdemócratas.

Las políticas socialdemócratas de tipo keynesiano se aplicaron de manera generalizada en Europa y Norteamérica durante la posguerra. De hecho el periodo que va de 1945 a 1975 se conoce etapa socialdemócrata. Por los excelentes resultados económicos de este período, también se conoce como "la edad de oro del capitalismo" o "los treinta gloriosos" 

Políticas socialdemócratas keynesianas

Podemos definir a las políticas socialdemócratas keynesianas como aquellas medidas concretas con las que el Estado interviene en  economía para controlar el libre mercado. El intervencionismo se hace para corregir los errores del capitalismo evitando los desequilibrios derivados de la libertad total de mercado. Sobre todo aquellos relacionados con la concentración de capital y el aumento de la polarización. Las políticas socialdemócratas son de tres tipos:
  • Regulando la economía mediante leyes y limitaciones al libre comercio para evitar monopolios. 
  • Interviniendo directamente en la producción de bienes y servicios con las empresas públicas para evitar el desempleo, garantizar la universalidad de los servicios sociales y el mantenimiento de sectores estratégicos ineficaces si son gestionados de forma privada. 
  • Redistribuyendo la riqueza para acabar financiar los servicios públicos y convertir a la clase baja en clase media.  

Neoliberalismo 

Los economistas liberales de todas las tendencias se reunieron en París en el llamado coloquio Walter-Lipman de 1938 para buscar soluciones a la aparente ineficacia de las políticas liberales y al intervencionismo económico predominante. Todos coinciden en buscar la forma de proteger al libre mercado y rechazan el excesivo el intervencionismo de los países comunistas, de los países fascistas y de los países democráticos (la república de Weimar, el keynesianismo, el New Deal americano, etc.). En definitiva rechazan la idea de economía mixta, es decir, la mezcla de libre mercado con intervención estatal en la economía.  Allí el economista Alexander Rüstow habló de "neoliberalismo" para referirse a estos nuevos planteamientos y efectivamente coincidieron los pensadores que forjaron las dos primeras escuela neoliberales: el ordoliberalismo o escuela alemana  y la escuela austriaca.

El ordoliberalismo ("liberalismo del orden") de Wilhelm Röpke,  Alexander Rüstow (el que propuso el término neoliberalismo) , Walter Eucken y  Franz Böhm que se reúnen en torno a la revista ORDO. También se les conoce como escuela de Friburgo o escuela alemana. Defienden una mínima  intervención del Estado como regulador para lograr que el mercado sea competitivo y que no se establezcan monopolios. Desde posiciones cristianas también defienden una mínima intervención para que los clases bajas tengan un nivel de vida aceptable. Aunque en su motivación de partida coinciden con los keynesianos, se diferencia en el alcance de las reformas. Estaban en contra de las políticas de inversión directa desde el Estado que estaban haciendo los gobiernos socialdemócratas y  keynesianos, tampoco querían que los gobiernos impulsaran políticas redistributivas más allá de lo necesario para evitar los disturbios sociales y mantener el “orden”. Además defendían la pérdida de poder de los Estados transfiriendo competencias a agencias e instituciones supranacionales dirigidas por economistas liberales, es decir, por ellos mismos. El neoliberalismo ordoliberal tuvo mucha influencia en el partido principal partido liberal de Alemania, el CDU y entre los tecnócratas que gobiernan en la España de Franco y en las instituciones de la Unión Europea. Para hacer más atractivas sus ideas en la época keynesina, los políticos vendieron las propuestas ordoliberales como: “economía social de mercado”

La escuela austriaca. Sus principales ideólogos fueron Mises, Hayek, Rothbard y otros. En un principio se mezclan con los ordoliberales, Hayek escribió el primer artículo del primer número de la revista ORDO (1948) en donde se le presenta como “ordoliberal austriaco”.  Empezaron opusieron a las primeras medidas intervencionista que hicieron los socialdemócratas austriacos en los años 20. Después se opusieron al liberalismo keynesiano y a los sistemas de economía mixta. Durante la etapa socialdemócrata, los treinta gloriosos, los economistas de la escuela austriaca siguieron criticando las políticas socialdemócratas a pesar de sus buenos resultados. Justificaron su posición por motivos filosóficos o morales: las políticas socialdemócratas son malas porque así lo han demostrado ellos teóricamente aunque la realidad práctica diga lo contrario. Los austriacos difieren de los ordoliberales en el límite de las competencias del Estado. Los ordoliberales consideran que el Estado ha de ser suficientemente fuerte para proteger al  libre mercado, acusan a los austriacos de ser idealistas y de estar  desconectados de la realidad por pensar que el libre mercado puede subsistir sin un Estado que lo defienda. Por su parte los austriacos (sobre todo Mises) critican a los ordoliberales por ampliar demasiado las competencias del Estado con la excusa de proteger al libre mercado. Aunque estas diferencias son cuantitativas y no cualitativas; ambos coinciden en lo principal: anteponer el libre mercado a cualquier otra consideración y rechazar el intervencionismo keynesiano y la idea de “Estado de bienestar”.

Desde la escuela austriaca, el norteamericano Murray Rothbard piensa que el objetivo es alcanzar un sistema ideal en el que el Estado no tuviera ninguna necesidad de existir y las relaciones sociales se basen en el respeto a los derechos naturales, principalmente el derecho a la propiedad privada. Rothbard aporta el término de anarcocapitalismo para referirse este sistema ideal y sus seguidores fundan partidos políticos a los que llaman libertarios. En este sentido se puede considerar el anarcocapitalismo como la forma más extrema de neoliberalismo. 

Después de la Segunda Guerra Mundial  aparece la tercera escuela o corriente neoliberal: la escuela de Chicago. Su principal ideólogo fue Milton Friedman. La escuela de Chicago parte de las mismas premisas de la escuela austriaca, pero evita planteamientos filosóficos y se centra en el análisis económico. La escuela de Chicago acusaba a la escuela de austriaca de tener posiciones demasiado utópicas y alejadas de la realidad económica, mientras que los austriacos acusaran a los de la escuela de Chicago de intervencionismo excesivo con sus políticas monetarias.

Después de la Segunda Guerra Mundial comenzó a materializarse el “Estado de bienestar” que se había propuesto desde el informe Beveridge (1942). La idea es aumentar la intervención del Estado en la economía para garantizar unos derechos sociales mínimos para todos los ciudadanos (seguridad social, educación, sanidad, pensiones, desempleo, etc.).  Estos servicios serían públicos y se mantendrían con impuestos proporcionales a la riqueza. 

Los neoliberales consideraron esto demasiado, una gran amenaza para el libre mercado y en cierto modo la antesala del comunismo. Al “Estado del bienestar” lo llaman despectivamente “Estado benefactor” o “Estado providencial”, por ello las tres escuelas olvidaron sus diferencias menores y decidieron unirse para defender sus principios de forma coordinada. En 1947 los principales miembros de la escuela ordoliberal (Röpke), la austriaca (Hayek) y la escuela de Chicago (Friedman) se unieron en la sociedad Mont Pelerin fundada en 1947 y dirigida por Hayek. Ahí se reunían periódicamente y reflexionaban sobre cómo alcanzar su programa común: las tres escuelas coinciden en  pedir que se reduzca la intervención del Estado en la economía. Todos defienden las desregulaciones (financieras, comerciales, laborales…) a las que llaman políticas de libre mercado. En ese sentido, quieren que el Estado deje de intervenir en la economía como productor y distribuidor por eso defienden la privatización de las empresas públicas y la reducción de impuestos o su desaparición. Aunque muchas de sus ideas son continuación de las ideas del liberalismo clásico, en los 70 sus ideas eran nuevas respecto al liberalismo imperante, el keynesiano, por ello se decidió denominarles añadiendo el prefijo de "neo-" Desde entonces con neoliberalismo nos referimos a los filósofos y economistas que se oponen al intervencionismo del Estado en la economía en gran medida o en su totalidad. Tenemos posiciones más moderadas como las del ordoliberalismo o la escuela de Chicago, que aceptan una mínima intervención estatal como regulador y otras posiciones más radicales y extremistas, como la escuela austriaca o los anarcocapitalistas que no quieren ninguna intervención para no tener que pagar impuestos.

Los buenos resultados de las políticas socialdemócratas keynesianas relegaron a la marginalidad a los liberales contrarios a la intervención estatal, únicamente los ordoliberales tocaron poder, el resto quedó fuera de la ortodoxia económica. Pero las cosas cambiaron en los años 70 con la crisis del petróleo. La crisis coyuntural fue instrumentalizada por los ordoliberales para desbancar a los liberales keynesianos de los centros de poder.  Los ordoliberales aprovecharon su posición de bisagra entre el liberalismo keynesiano (del que eran su ala derecha) y el neoliberalismo (del que eran su ala izquierda)  para ofrecerse como solución de compromiso. La verdad es que actuaron como una quinta columna e introdujeron a los economistas de la escuela de Chicago en puestos de poder. Igualmente beneficiaron a los economistas de la escuela austriaca a los que se premió con reconocimiento académico, se les dio cobertura mediática y se les dotó de apoyo financiero. Los propios neoliberales (ordoliberales + Chicago) no veían sensato dar demasiado poder a sus compañeros austriacos por su carácter poco realista. El resultado fue el lento pero inexorable giro en la políticas económicas. Se aprovechó la coyuntura para ir sustituyendo las anteriores políticas socialdemócratas por las nuevas políticas neoliberales tanto en la práctica como en el pensamiento dominante. Por ello se puede hablar de etapa neoliberal a la que va desde los años 70 hasta el presente [1]. En los años 70 las políticas neoliberales se extienden por América, en los 80 por Europa occidental, en los 90 por Europa oriental y en el siglo XXI por  Asia.

El prestigio y el reconocimiento que va adquiriendo la doctrina neoliberal en las altas esferas, tuvo como consecuencia una escisión de tipo fundamentalista, en el sentido de “volver a los fundamentos doctrinales”. En la década de los 70 los seguidores de de la utopía anarcocapitalista de Murray Rothbard (escuela austriaca), marcarán diferencias con la propia escuela austriaca a los que acusan de ser  demasiado intervencionistas por aceptar la existencia del Estado. Desde entonces se han constituido en una escuela independiente y sus seguidores fundan partidos políticos a los que llaman libertarios. En este sentido se puede considerar el anarcocapitalismo como la forma más extrema de neoliberalismo, aunque con escasa relevancia intelectual incluso entre correligionarios neoliberales.

Finalmente quedan así establecidas 3 escuelas neoliberales principales y una residual. Aunque como he intentado aclarar, las diferencias teóricas entre ellas son de matiz, menores incluso que las diferentes corrientes socialdemócratas, o las diferentes escuelas comunistas. De modo que la distinción que hacen gala entre ellos responde más a una estrategia publicitaria para aparentar falsa diversidad, ya que sus afinidades doctrinales son objetivamente evidentes. [2]

Aunque en un primer momento solo los ordoliberales aceptaban el término neoliberal, desde los años 70 se empezó a usar esa palabra para referirse al conjunto de las escuelas citadas por defender unas propuestas que van en la misma dirección.

Por qué el neoliberalismo no es liberalismo

Mientras que el liberalismo es un concepto mixto que alude tanto a reivindicaciones políticas como económicas, neoliberalismo, en su actual acepción, es un concepto distinto porque sólo se usa en un sentido económico y no político.

Después de 1945 no es correcto usar el término liberal como un genérico, ya que los que se autodenominan liberales no coinciden a los dos niveles: político y económico. Ahora hay dos grupos que se pueden denominar liberales: los liberales keynesianos que hacen políticas socialdemócratas y los neoliberales, los primeros liberales en el aspecto político y parcialmente en lo segundo y los segundos son liberales en el aspecto económico y parcialmente en lo primero. Con esto quiero decir que los neoliberales (ordoliberales + escuela austriaca + escuela de Chicago)  no son liberales en lo político al igual que un keynesiano. Para un neoliberal la democracia va después del libre mercado de modo que es preferible una dictadura neoliberal a una democracia keynesiana. 

Su rechazo al intervencionismo económico es tan fuerte que puede ser superior a su lealtad a la democracia. Mises decía sobre el fascismo:
No se puede negar que el fascismo [italiano] y movimientos similares que pretenden establecer dictaduras están llenos de las mejores intenciones y que su intervención, por el momento, ha salvado la civilización europea. El mérito que el fascismo ha ganado para sí mismo seguirá vivo eternamente en la historia. [3] 
Donde el neoliberalismo coexiste con democracias parlamentarias,  se crean sociedades poco democráticas ya que en su obsesiva defensa del individualismo, se acaban rompiendo los lazos sociales que permite a los colectivos defenderse de los abusos económicos y políticos. El resultado es  una sociedad domesticada e indefensa frente a los poderosos. Tony Judt lo explica mejor:
La reducción de la sociedad a una tenue membrana de interacciones entre individuos privados se presenta hoy como la ambición de los liberales y de los partidarios del mercado libre. Pero nunca deberíamos olvidar que primero,  y sobre todo, fue el sueño de los jacobinos, los bolcheviques y los nazis: si no hay nada que nos una como comunidad o como sociedad, entonces dependemos enteramente del Estado. Los gobiernos que son demasiado débiles como para actuar a través de sus ciudadanos es más probable que traten de alcanzar sus fines por otros medios: exhortando, persuadiendo, amenazando y en última instancia forzando a las personas a obedecerlos (...) La pérdida de un propósito social articulado en realidad aumenta los poderes de un Estado poderoso. [4] 
El neoliberalismo no sólo vacía a la democracia parlamentaria de contenido, sino que además está más cómodo en dictaduras que repriman la libertad y que eliminen físicamente a los que no estén de acuerdo con sus exigencias económicas. Hasta el punto que una dictadura puede recibir por su parte el calificativo de “liberal”.

Durante la Guerra Fría, principalmente en la época de Nixon, tuvo mucho éxito la doctrina Kirkpatrick. Esta doctrina dividía a las dictaduras en dos categorías: las pro-soviéticas a las que se llama totalitarias, y las pro-occidentales a las que se llama eufemísticamente autoritarias. Simultáneamente se desarrolló una doctrina equivalente en lo económico, la doctrina Friedman. Según esta doctrina lo que marca el mayor o menor grado de libertad no es la existencia de democracia política, sino la existencia de desregulación económica, libertad empresarial y libertad financiera. Desde este razonamiento una dictadura sanguinaria como la de Pinochet fue considerada “liberal” porque aplicó las propuestas económicas de los neoliberales. La posición relativista de los neoliberales respecto a la democracia queda clara en estas declaraciones de 1981 que hace Hayek (el principal ideólogo del neoliberalismo) a un periodista chileno: 

Un dictador puede gobernar de manera liberal, así como es posible que una democracia gobierne sin el menor liberalismo. Mi preferencia personal es una dictadura liberal y no un gobierno democrático donde todo liberalismo está ausente. [5]

Más claras son las declaraciones del famoso economista neoliberal Alain Minc. Antepone las recetas neoliberales a cualquier consideración de tipo democrático:
El capitalismo no puede desfondarse, es el estado natural de la sociedad. La democracia no es el estado natural de la sociedad. El mercado sí.[6]



Si las políticas neoliberales son contrarias a la libertad, no es solo porque sus defensores prefieren dictaduras, es sobre todo porque sus efectos restan libertad a un número mayor de personas. Los países donde se han aplicado con más intensidad sus medidas neoliberales son aquellos donde menos libertad individual existe para la mayoría de la población. Esto se debe a que la polarización social la hace imposible. Difícilmente podemos ser libres si no tenemos trabajo, o un salario suficiente, o acceso a unos servicios sociales mínimos, etc. 

Evidentemente hay personas que están interesadas en mantener la confusión y siguen usando el término liberalismo cuando en realidad se refieren a neoliberalismo. Primero los marxistas anti parlamentarios ya que les interesa mezclar el liberalismo económico con el liberalismo político (la democracia parlamentaria) y así rechazarlo todo en bloque. Igualmente los propios neoliberales se autodenominan liberales y así llaman a sus medios de comunicación. De esta forma se otorgan una continuidad con autores liberales consagrados y pueden usar falacias lógicas como argumento, del tipo:
Como nosotros defendemos la libertad, los que no nos apoyan es porque son partidarios del totalitarismo.

Lo mismo hacen con el término capitalismo, aunque hay muchas variables ellos consideran su forma de capitalismo es el único verdadero, de modo que el resto son anticapitalistas. Igualmente esta idea es atractiva para los marxistas antiparlamentarios, pero por motivo contrarios. 

¿Puede seguir admitiéndose el término liberal para referirse a estos individuos? Invito a todas las personas que desean mayor libertad y que creen en la democracia a que no caigan en esta trampa. Nunca hay que llamar liberal o liberalista a un defensor del neoliberalismo. Si hay que llamar liberal a alguien debería ser a los socialdemócratas,y a los neoliberales únicamente se les puede llamar pseudoliberales.



[1] Harvey, David. Breve historia del neoliberalismo (2007)
[2]  Sobre las corrientes del neoliberalismo y sus matices ideológicos trata el artículo de Héctor Guillén Romo La deshomogenización del discurso neoliberal Journal of Economic Literature (jel), 2018.
[3] Mises, Liberalismo, p. 51.
[4] Historiador Tony Judt (1948-2010) en su obra Algo va mal.
[5] Declaraciones de Hayek a la publicación chilena El Mercurio (12-4-1981) Pauvreté et inégalités dans le tiers monde de Pierre Salama y Jacques Valier (La Découverte, Paris, 1994).
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3 comentarios

Marta Hernández ha dicho que…
Hay que inignarse!! Es ahora o nunca!!!
Anónimo ha dicho que…
Acabo de leer el capítulo uno, sobre el asesinato de ese político sueco... y ahora lo leeré todo. Gracias por difundir y explicar lo que nos está pasando, es primordial para empezar a rebelarnos contra esta nueva lucha de clases.
Francisco Ayén ha dicho que…
Gracias a ti por comentar. Estaré encantado de escuchar tus valoraciones.
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